Las Bodas de Caná

Libro "La Biblia Aclarada", Cap. 22, Tomo 1

Narración: Hno. Mauricio Genolet

En el Evangelio según San Juan, hallamos algo interesante, que vamos a leer y estudiar con la ayuda y la gracia del Trino Triunfal.

San Juan, cap. 2, vrs. 1 hasta el 11, dice así: “Y al tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fue también llamado Jesús y sus discípulos a las bodas. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen. Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dice a los que servían: Haced todo lo que os dijere. Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme a la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos o tres cántaros. Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba. Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáronle. Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era, (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo, y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.”

A simple vista, se trata de un gran milagro de Nuestro Señor, y por otra parte, se ve bien claro el Espíritu de comunión, de hermandad, que traía en sí Nuestro Querido Maestro, que para esto mismo había venido, pero sabiendo Él mismo lo que iba a suceder, se había anticipado a los acontecimientos, diciendo: (San Lucas, cap. 12, vrs. 51 y 52): “¿Pensáis que he venido a la tierra a dar paz? No, os digo; mas disensión. Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres.”

Pero todo esto iba a acontecer a causa de que no todos iban a interpretar el misterio de Dios, o por lo menos mezclarle un poco de fe a lo que veían, oían y leían. Pues bien, ¿nos conformaremos con que en las bodas de Caná hubo un milagro y espíritu de hermandad? ¿No habrá habido más nada? ¿No encerrará algo profundo la visita del Gran Maestro en esas bodas? ¿Qué les parece si estudiamos un poco?

En el versículo 6, dice que había seis tinajuelas de piedra para agua conforme a la purificación de los judíos, que cabían en cada una, dos o tres cántaros.

¿Qué significado podían tener esas seis tinajuelas? ¿Por qué dice: en cada una de ellas cabían dos o tres cántaros?

Creemos nosotros que cada paso que daba Nuestro Querido Maestro, lo daba de acuerdo a todas las profecías que de Él y de su Santo Reino estaban escritas. Por lo tanto su andar, su hablar, todo estaba relacionado con el misterio de Dios. Por eso es que no nos podemos conformar que el agua se volvió vino y se acabó.

Y a la vez vamos a preguntar: esa agua, ¿qué representaba? Y ese vino, ¿qué simbolizaba? ¿Por qué habla de dos o tres cántaros? ¿Qué significaban esas bodas? ¿Por qué faltaba el vino? ¿Por qué contestó Jesús a su madre así: “¿Qué tengo yo contigo, mujer?” ¿Quién era el maestresala? ¿Quién era el esposo?

Quiera Dios darnos gracia para poder descifrar según su Santa Voluntad este hermoso pasaje del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. (Gloria a Dios).

Sin duda que las bodas se realizaron como están escritas, pero es también verdad que su significado espiritual es de mucho valor.

Porque todas las cosas venían ya de Dios así preparadas, como para que el glorioso Maestro pudiese desarrollar parte de su Obra también en dichas bodas. Así es que las seis tinajuelas representan los seis mil años de duración que Dios ha dado a su trabajo, encerrando en dicho tiempo, las Tres Obras. (Gloria a Dios). Porque así como seis días trabajó y al séptimo lo santificó, así será con los seis mil años, que llevarán las Tres Obras para llegar a la conclusión; y al entrar a los siete mil años, se entrará en el verdadero descanso, en el descanso Eterno, que es en el Trono de Dios. Ese es el significado de las seis tinajuelas. Ahora, que en cada tinajuela cabían dos o tres cántaros de agua quiere decir: que de acuerdo a cómo se fue desarrollando la Obra a través de los siglos, fue el entendimiento, y por lo tanto, lo que cabía en cada Obra. Por ejemplo: en la Primera Obra trabajaba el Padre, o sea, Dios, Jehová de los Ejércitos y el Espíritu Santo, que era el que guiaba a profetas y profetisas del Viejo Testamento. Por lo tanto, cabían entonces a las tinajuelas correspondientes a dicho tiempo, solamente dos cántaros, porque Cristo no intervenía.

Ahora, en la Obra de Cristo, visiblemente cabían dos cántaros de agua: por la Obra del Padre una y por la del Hijo, otra.

Y en la Obra Tercera, que es la Obra actual, ya quedan completamente manifiestos los tres cántaros de agua, que llevan las tinajuelas correspondientes a nuestros tiempos. (Gloria a Dios).

Es claro que en este hermoso pasaje del Evangelio de Cristo, de maravillas y prodigios del Maestro, queda ahora manifiesto el misterio que corresponde, como a las tres medidas de harina. Por eso es que hasta en nuestros días, no sería difícil hallar quien ignore de los tres cántaros, porque no ven más que dos; y andando, no sería difícil hallar el que ve en las tinajuelas un solo cántaro; y siguiendo en la marcha, no sería difícil hallar aquel que no ve ni siquiera un cántaro, ni las tinajuelas. Pero por eso no cesaremos nuestra marcha ascendente hacia el Monte de Sión, Ciudad de Amor. (Gloria a Dios).

Porque confiamos que Dios iluminará con su luz admirable del Evangelio Eterno a todos sus hijos, a todos aquellos que le aman en verdad y de corazón, por eso confiamos que Dios, mediante su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo y la guía del Espíritu Santo, dará gracia por gracia, hasta llegar a la plenitud del conocimiento de la Obra del Trío Triunfal.

Así que hemos aclarado el asunto de las tinajuelas y el de los cántaros de agua.

Ahora esas bodas significaban las Bodas del Cordero, o sea, el Triunfo final de Cristo y su Iglesia, y si no diremos Cristo y su Pueblo. Pero es necesario aclarar estas cosas entre Dios y su Pueblo, porque hallamos escrito en el Viejo Testamento varias veces que hablando Dios de su Iglesia, o sea, del Pueblo judío, dice por ejemplo, Isaías, cap. 54, vr. 5, así:

“Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los Ejércitos es su nombre: y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado. Porque como á mujer dejada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como á mujer moza que es repudiada, dijo el Dios tuyo. Por un pequeño momento te dejé; mas te recogeré con grandes misericordias. Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; mas con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo tu Redentor Jehová.”

El vr. 11 dice: “Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo; he aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros te fundaré.”

Ya ven ustedes la forma amable que Dios emplea para atraer a sí otra vez a su Iglesia, o sea, a su Pueblo.

Por otra parte, tenemos a Cristo que dice (San Mateo 28, vr. 18): “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” También dice: “Y habrá un rebaño y un pastor.”

Porque el dicho esposo y esposa son cosas simbólicas, cosas espirituales y por lo tanto, hay que tomarlas en ese sentido. Ahora, como dice que en las bodas faltaba el vino, queda aclarado que en la Obra Primera era que se notaba dicha escasez. Porque el Maestro de la Segunda Obra tenía vino, y del bueno, como lo vemos documentado en dicho acontecimiento.

Y en este caso sí, que viene bien la palabra de San Juan el Bautista cuando dijo: “Porque a él conviene crecer, mas a mí menguar”, y en esto sucedía lo mismo.

Ahora, fue Jesús el que dijo a los que servían, después de haber hecho el milagro del agua hecha vino: “Presentad al maestresala.” Ahora, en lo espiritual, el maestresala es el Príncipe de la Sinagoga o príncipe sacerdotal, que representa al Pueblo en lo sagrado, por su alto cargo (Hechos, cap. 4, vrs. 5 y 6). Y al mandar diciendo: “sacad ahora, y presentad al maestresala”, era como decirle: ¿Entiendes quién soy y qué Obra vine a hacer? Ahora, entre agua hay agua.

Así que el agua que se volvió vino, esa agua que usaban los Hebreos para la purificación y que a la vez, en la Obra Cristiana simbolizaba el Bautismo del Agua.

Pero Cristo hizo henchir por su orden dichas tinajuelas, por eso digo que entre agua hay agua. Entonces, en este caso, las tinajuelas se llenaron de agua que salta para vida eterna, como dice Jesús en San Juan, cap. 4, vr. 14. Dice así: “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”

Esa es el agua espiritual, que Cristo hizo poner en las seis tinajuelas y que Él, por su poder y gloria, hizo volver vino, cuyo vino simboliza en este caso, el Espíritu Santo que para asombro del maestresala o de los príncipes del Pueblo, Cristo había guardado hasta este tiempo. (Gloria a Dios).

Por eso, bien está escrito en el vr. 11 del capítulo al comienzo citado, de esta manera: “Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.” Así es que Elías, Mensajero de Dios, y Eliseo, dan gracias al Trino de Amor por su gracia para la interpretación de estas cosas sagradas de Dios.

Quiera el Señor que todos reverenciemos al Dios omnipotente, al Dios solo sabio, Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra, y a su Hijo Amado, Nuestro Señor Jesucristo, el cual dio su vida por amor a todos nosotros; y al Espíritu Santo, verdadero Consolador y guía de los Santos, al cual sea gloria y honra, por los siglos de los siglos. Amén.

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