Los Doce Mil Años y el Jardín del Edén

Libro "La Biblia Aclarada", Cap. 25, Tomo 1

Narración: Hno. Mauricio Genolet

Siguiendo el estudio bíblico guiado del Trino Triunfal, seguiremos esta Historia Sagrada para llegar a la plenitud del conocimiento de esta Obra de Amor. Porque esta es la Obra de Dios, esta es la Obra que viene en cadena. Esta Obra no empezó ni ayer ni antes de ayer. Esta es la Obra del Creador, con sus Profetas, Apóstoles, Discípulos, Diáconos, Diaconisas, Profetisas, Intérpretes y demás dones bíblicos.

Así como Mensajeros de Dios. Es la Obra que dijo el predicador Hijo de David, Rey de Jerusalém (Eclesiastés 12, vr. 6): “Antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa en cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo.

Porque, ¿qué diremos de esta Obra? ¿Qué Obra es ésta? ¿No es acaso la Obra Evangélica? Por lo tanto, yo haré la pregunta: ¿cuándo nació el Evangelio? ¿Cuándo nació el cristianismo? Esta pregunta es por demás fácil. ¿No es verdad? Cuando Cristo Nuestro Señor vino a esta tierra hace aproximadamente dos mil años, con Él y con su predicación nació el cristianismo y el Evangelio.

Cristianos somos, porque somos seguidores de Cristo. Y evangelistas, porque seguimos el Evangelio que Él predicó. (Gloria a Dios).

Esta es nuestra posición, no tenemos nada que ver con cosas y casas ajenas, cada cual sabrá de dónde vino, de donde salió y a donde va. Digo esto para nuestros hermanos y para los que simpatizan con esta Obra que lleva Elías, Mensajero de Dios. Porque nosotros pensamos que no solamente somos del tiempo de Cristo, o sea, que nacimos con la Era Cristiana, sino que, entendiendo las Tres Obras en la Santa Trinidad, venimos en cadena, predestinados de Dios de acuerdo a la promesa profética que Dios le hizo a Abraham por la fe (1898 años A.C.) como lo dice San Pablo a los Gálatas, cap. 4, vrs. del 22 hasta el 26: “Porque escrito está que Abraham tuvo dos hijos; uno de la sierva, el otro de la libre.  Mas el de la sierva nació según la carne; pero el de la libre nació por la promesa. Las cuales cosas son dichas por alegoría: porque estas mujeres son los dos pactos; el uno ciertamente del monte Sinaí, el cual engendró para servidumbre, que es Agar. Porque Agar o Sinaí es un monte de Arabia, el cual es conjunto a la que ahora es Jerusalem, la cual sirve con sus hijos. Mas la Jerusalem de arriba libre es; la cual es la madre de todos nosotros.

Así que, como ustedes pueden apreciar, San Pablo confirma nuestro hablar al nombrar los dos pactos y de la promesa de Dios a Abraham, sobre Sara e Isaac, que como lo dice en el vr. 28 del capítulo ya citado: “nosotros como Isaac somos hijos de la promesa.” (Gloria a Dios).

Así que entonces, ¿quién podrá decir que somos de ayer o antes de ayer? Creo que nadie que sepa algo de la Biblia y sus misterios, dirá tal cosa.

Así que no solamente venimos con la Era Cristiana, venimos desde Abraham por la promesa, más aún, venimos desde antes de la creación del mundo, cuando Dios hacía el Plano de la Creación; y al recordar la Creación, vino a memoria la predicación anterior, donde presentábamos el Plano de Nuestro Dios, Jehová de los Ejércitos, a través de los siglos, sabiendo y teniendo en cuenta el gran enemigo y opositor, el diablo, dispuesto desde un principio a desbaratar los planes de Dios.

Por eso decíamos en la predicación anterior, que de antemano había Dios, colocado en el Jardín del Edén, el Árbol de la Vida.

Así que no se olviden ustedes que en la predicación anterior, presentamos doce mil años de existencia de la tierra, pero no termina allí tampoco. Les aclaro que esto es según la guía y la gracia que Dios nos ha dado; no tenemos nada que ver con otros pensamientos y otras cosas.

Esta es nuestra posición, nuestra fe, nuestro entendimiento, mediante la guía y la gracia de Dios.

Por lo tanto, lo hacemos con el único fin de que el mundo sepa qué es lo que creemos y cómo creemos, y de esto damos gloria y gracias a Dios que estamos en una Nación libre y soberana, en que se puede decir si se cree y cómo se cree. (Gloria a Dios).

Ahora, pienso yo, cada cual estudie, juzgue y quédese tranquilo con lo que más le conviene.

Decíamos en la predicación anterior que no podemos creer que Dios terminó su Obra el día séptimo, y que al otro día, la antigua serpiente, Satanás, le hubiese deshecho con tanta facilidad tanto trabajo, sin que Adám y Eva se hubiesen podido gozar de las maravillas de Dios, su Creador; cayendo de inmediato bajo el castigo por la trasgresión. De ninguna manera nosotros creemos que esto sucedió así. En vez, creemos que de acuerdo a lo ya documentado en el Salmo de Moisés, varón de Dios (Salmo 90, vrs. del 4 al 6), que dice: “Porque mil años delante de tus ojos, son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche. Háceslos pasar como avenida de aguas; son como sueño; como la hierba que crece en la mañana: en la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca.

Así pues, creemos que pasaron los seis días proféticos en el Jardín del Edén; por cada día profético, mil años. Por lo tanto así llegaron a los seis mil años Adám y Eva, siendo inmortales en el Jardín del Edén hasta la transgresión, o sea, la desobediencia que condujo al pecado, por lo que perdieron la vestidura de santidad e inmortalidad. Así pues, que en vez de entrar en el año séptimo, fecha del reposo, tampoco Adám y Eva lo alcanzaron, porque en vez de recibir bendición, por la transgresión recibieron castigo.

Ahora, el asunto éste, toma mayor valor si estudiamos y pensamos sobre la Historia de las Tres Obras; porque en cada una de ellas actuaron visiblemente o invisiblemente, las Tres Personas Divinas.

Digo visible o invisiblemente porque en este plano maravilloso de Dios, antes de la creación, así como Dios dijo, hablando con el Verbo de Vida respecto al hombre (Génesis, cap. 1, vr. 26): “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Así Dios habló y concertó con el Trino este tratado de gloria, misterio y amor. Por lo tanto, mirando alrededor nuestro dentro de estos seis mil años, decía, nos encontramos con las Tres Obras de Dios que nadie puede negar.

La Primera, he dicho varias veces, es la de Dios con el pueblo Judío. La Segunda Obra es la de Cristo que viene entrelazada, apoyada y confirmada por la Obra Primera. Y la Obra Tercera, que es la última por orden de presentación, viene confirmada por las dos Obras Primeras.

Así que están bien claras las Tres Obras del Trino Triunfal. Ahora, lo que quiero explicar es que si en estos últimos seis mil años aparecieron las Tres Obras, en los seis anteriores que pasaron en ese período de inmortalidad Adám y Eva en el Jardín del Edén, también estaban las Tres Personas Divinas. Por lo tanto nosotros pensamos bajo la guía del Espíritu Santo, que es la Tercera Persona del Trino, que esos seis mil años anteriores a estos, por tratarse de estar en comunión más directamente con Dios y sus ángeles, pensamos que fueron seis mil años  mucho más mejores  y excelentes que estos últimos seis mil años nuestros.

¿No les parece a ustedes, examinando con tranquilidad e imparcialidad estas cosas, que esto tiene que ser así? Porque pensemos esto: que ellos estaban desnudos de esta vestimenta mortal, pero tenían la otra vestidura que era de santidad e inmortalidad; el plantío que estaba con ellos era el plantío de Jehová, o sea, los ángeles de Dios, y de esto no tenemos por qué dudar, porque conociendo Adám y Eva a Dios personalmente, por cuanto fueron hechos por sus propias manos, conversando con Dios, autorizándolo Dios a Adám a poner el nombre a todos los animales y dándole por lo tanto, autoridad superior, no tenían por qué desconocer la vida de los mismos ángeles de Dios.

¿No les parece? Pero este asunto tampoco termina allí.

Pablo a veces tomaba el propio dicho de la gente para hablar, como lo encontramos en algunas de sus Epístolas. Por eso yo también tomaré el dicho de la gente que dice: “No hay dos sin tres.” Por eso decía anteriormente que esto no termina allí nomás, así es que yo también digo que no hay dos sin tres. Y esto me recuerda el dicho del Rey Salomón (Eclesiastés, cap. 4, vr. 12), cuando dice:

Y si alguno prevaleciere contra el uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces no presto se rompe.

Por lo tanto, insistiremos nosotros con el asunto del Jardín del Edén.

En Génesis, cap. 2, vrs. del 8 hasta el 14, dice: “Y había Jehová Dios plantado un huerto en Edén al oriente, y puso allí al hombre que había formado. Y había Jehová Dios hecho nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer: también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de ciencia del bien y del mal. Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro ramales. El nombre del uno era Pisón: éste es el que cerca toda la tierra de Havilah, donde hay oro: y el oro de aquella tierra es bueno: hay allí también bdelio y piedra cornerina. El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Etiopía. Y el nombre del tercer río es Hiddekel: éste es el que va delante de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.

Pues bien, este es el Jardín del Edén (aquí en la tierra), pero yo les pregunto: ¿No habrá sido sombra y bosquejo de otro mejor?

Piensen ustedes que se ha luchado mucho por ese bendito lugar de reposo, de descanso, y ahora vemos que ni el mismo Jardín del Edén pudo tener su valor permanente en la tierra, porque no falta quien aún discuta la colocación del Jardín del Edén, más acá y otros dicen un poco más allá. Pero lo que a nosotros nos interesa ahora, es que se puede decir que de aquel Jardín del Edén, solamente quedó lo que está escrito, porque el Jardín en sí, desapareció.

Quiere decir entonces que nada de lo que se ha hecho aquí en la tierra, ha sido permanente; ni los mismos lugares que Dios preparó como reposo han sido eternos; ni el Jardín del Edén ni la tierra prometida de Canaán, porque si bien la tierra está, no permaneció en ella lo que Dios realizó. Entonces, ¿qué es lo que nos queda? Nos queda buscar las cosas eternas, pero no en este mundo. Nos queda buscar las cosas eternas con la sabiduría y ciencia de Dios. Escudriñando siempre la Santa Biblia, buscando a conciencia el camino de la verdad y la vida. No nos olvidemos que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza y le dio mucha sabiduría.

Aprovechemos pues la sabiduría y ciencia de Dios para escapar de la ira que vendrá a causa del pecado y la maldad. Echemos fuera, pues, las Obras de las tinieblas y vistamos las armas de luz conforme al dicho de los Santos Apóstoles de Nuestro Señor. El que quiera sabiduría respecto a estas cosas eternas, demándesela a Dios. Porque el mismo Señor Nuestro Jesucristo nos enseña, mediante el Evangelio según San Lucas, cap. 11, vrs. del 9 hasta el 13, así:

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y os será abierto. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.

¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? O, si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente? O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que lo pidieren de él?”.

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