Cordón de Tres Dobleces y los Primeros Seis Mil Años

Libro "La Biblia Aclarada", Cap. 26, Tomo 1

Narración: Hno. Mauricio Genolet

Comenzaré esta predicación citando al predicador, hijo de David, Rey en Jerusalém, en Eclesiastés cap. 4, vrs. del 9 al 12, dice así: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero: mas ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra el uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces no presto se rompe.”

Es hermosa esta inspiración que de parte de Dios tenía el Rey Salomón; su sentido es todo espiritual, y por eso sucede con este sabio de Dios lo mismo que con el Apóstol San Pablo, que al recordar sus Epístolas, dice San Pedro: “Entre las cuales hay algunas difíciles de entender.”

La Biblia es toda espiritual, por cuanto fue inspirada de Dios a sus santos hombres, elegidos desde antes de la constitución del mundo. Digo desde antes de la constitución del mundo, por cuanto en el plano de las cosas del Trino de Amor ya estaba predestinado el personaje, Mensajero, Profeta o Apóstol, para hacer cada uno su parte que le correspondía en esta Obra a través de los siglos. (Gloria a Dios).

En el sentido simple de la letra, diremos así: dos personas que trabajan de común acuerdo, y según el trabajo y en la forma que está concertado el pago, recibirán mejor paga que aquel que trabajó solo, porque entre los dos rendirán más. Pero en el sentido espiritual, esto va mucho más lejos, y lo vamos a examinar.

El predicador, en su inspiración, hablaba de la misma Obra de Dios y por lo tanto decía que: “Mejores son dos que uno”, refiriéndose al Padre y al Hijo. Ahora, en cuanto al dicho tendrán mejor paga de su trabajo, es claro que lo obtendrán, por cuanto tendrán mayor alabanzas, porque, ¿cómo le pagaremos al Padre y al Hijo su trabajo? ¿Con plata? ¿Con esta plata? Dios es Dios, está en el cielo; ¿para qué quiere plata si no la precisa? ¿No les parece? Entonces, ¿cómo le pagaremos a Dios todo el bien que de Él recibimos? Le pagaremos con alabanzas, con acción de gracias, con reconocimiento y admiración por su Obra realmente grande, y por su amplitud hacia la gracia y la misericordia. En este caso, el uno sería Dios.

Ahora el dicho “porque si cayeren, el uno levantará a su compañero”, no nos olvidemos que a Dios está ligado el Viejo Testamento y el pueblo que le corresponde. Por lo tanto, si en vez de corresponder este dicho a Dios, corresponde a su Pueblo, está bien el dicho de Salomón, por cuanto hablaba en un sentido espiritual.

Porque San Pablo confirma algo de esto respecto al Pueblo de Dios. Dice así: (Romanos, cap. 11, vr. 11): “Digo pues: ¿Han tropezado para que cayesen? En ninguna manera.” De esta caída que dice Salomón, y que él mismo confirma su levantamiento, y que San Pablo con el mismo sentido espiritual no habla de caída sino de tropiezo, por la esperanza en la rehabilitación.

De esto sacamos en claro que eran necesarios dos, para que el uno, Dios, levantare a su compañero, el Verbo, en el lugar de Hijo, y si no, veamos qué dice Jesús en el Evangelio según San Juan, cap. 8, vrs. 28, 29 y 30:

“Díjoles pues, Jesús: Cuando levantareis al Hijo del Hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que a Él le agrada, hago siempre. Hablando Él estas cosas, muchos creyeron en Él.”

En el mismo libro, cap. 3, vr. 14 dice: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado.”

Ahora yo les pregunto: ¿A quién le dijo Jesús: “Cuando levantareis al Hijo del Hombre”? ¿Quién podía levantarlo del sepulcro?

Este misterio, grande es y corresponde al secreto de la Santa Trinidad. Corresponde muy bien este pasaje a la predicación anterior sobre el Verbo de Dios. Porque si bien tenía poder para dejar la vida y volverla a tomar, como Él era uno con el Padre, al Padre y al Espíritu Santo se refería Jesús, al decir: “Cuando levantareis al Hijo del Hombre.” Porque siempre llegamos a la conclusión que son Tres Personas Divinas y un solo Dios. Así que está muy bien el Rey Salomón en su inspiración que mejores son dos que uno. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero. Ahora tengo que aclarar que en cuanto a lo que se refiere a Cristo, su caída fue como lo dice el profeta Isaías, herido y castigado por nuestras culpas y nuestra paz, y por su llaga fuimos nosotros curados. Porque de Cristo está escrito: “el que no conoció pecado; por lo que es llamado el Santo de los Santos.”

Ahora, hablando el Rey Salomón dice: “mas ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.”

Pero aclaremos, eso es si en verdad está solo. Porque si son dos, el segundo acudirá a levantar al compañero conforme el primero lo había hecho con él. ¿Qué les parece la inspiración de Dios al Rey Salomón? ¿Hermosa, verdad? Así pues, que como Cristo acepta su levantamiento con la ayuda del Padre y del Espíritu Santo, así también el Pueblo de Dios, el Pueblo de la Obra Primera, que es el Pueblo Judío, precisa la ayuda del Segundo, del que precisamente habla el Rey Salomón, que en este caso no es otro que Cristo, o sea, el Mesías. Porque si quieren estar solos les sucederá el dicho del predicador: “Mas, ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.” El que tiene oído para oír, oiga. Porque en el Segundo está la llave de la gracia y la misericordia. (Gloria a Dios).

También dice: “Si dos durmieren juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo?”

Vamos al significado espiritual de estas palabras de Dios. El predicador se refiere al matrimonio, mejor dicho al esposo y la esposa; más claro aún: a Dios y su Iglesia; más claro todavía: a Dios y su Pueblo. Quiere decir entonces que:

¿Qué puede hacer el Pueblo sólo? No se calentará nunca. En vez, si hay contacto, quiero decir, comunión entre Dios y su Pueblo mediante el Espíritu Santo, entonces sí mantendrán el calor necesario y darán señal de vida.

“Y si alguno prevaleciere contra el uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces no presto se rompe.” Aquí vemos, por el dicho del predicador, que vuelven a aparecer los Tres. Porque en cada Obra trabajaron los Tres; aunque a veces aparecen dos, la vida está en los Tres. Por eso dice: “Y cordón de tres dobleces no presto se rompe.”

Quiera Dios darnos gracia para que podamos apreciar en todo su valor, la gloriosa palabra de Dios.

Por eso decía yo en la predicación anterior, tomando el dicho común de la gente, que no hay dos sin tres, que también nos viene bien ese dicho para las cosas de Dios. Porque si ustedes ponen cuidado, atención en la lectura de la Biblia, encontrarán que se repiten muchas veces los números de siete y tres. Porque les diré que esos son números llamados de perfección. De perfección, porque tres son las Tres Personas Divinas, tres son los Pueblos elegidos, y en tres tiempos fue desarrollada la Obra de Dios. Son por lo tanto, Tres Tiempos en cada Obra, así que como les decía en la predicación anterior, que en estos seis mil años se han desarrollado las Tres Obras.

Así en los seis mil años anteriores, también trabajaron los Tres. No se olviden de la predicación de cuando Dios hizo al hombre, diciendo: “Hagamos el hombre a nuestra semejanza.” De ahí nuestro pensamiento que estos Tres Ilustres Personajes que son el Trino de Amor, no pueden haber permanecido ociosos durante esos seis mil años anteriores.

Así pues, que empezaron los Tres dándole vida al primer hombre y sin duda, que los Tres cerraron la Segunda Etapa de seis mil años. Así que, con la ayuda de Dios, hemos encontrado y ubicado dos períodos de seis mil años, correspondientes a la Segunda y Tercera colocación, por orden de presentación. Ahora nos falta ubicar los primeros seis mil años, porque como les decía, no hay dos sin tres y cordón de tres dobleces no presto se rompe. Porque al ser Tres Obras, y como cada obra debe reconocer a los Tres, así es que en cada uno de ellos se repite el número de Tres (por los pueblos).

Así que son tres veces tres, o sea, tres, seis, nueve. Quiero explicar que en cada seis mil años hubo dentro de ese período, un desarrollo de la Obra completa, como quien dice, en miniatura, dentro de lo que es en sí la Obra de Dios. Porque ustedes tienen que ver y razonar juntamente con nosotros, que según los descubrimientos arqueológicos, la tierra existe desde hace muchos miles de años. Pues bien, eso no nos confunde en nada, antes estamos de acuerdo que eso es así. Porque en la Biblia encontramos los seis mil años empezando a contar después que Adám y Eva fueron echados del Jardín del Edén por la transgresión. Dicha cuenta desde entonces, se hace fácil por las mismas generaciones.

Pero anterior a esto, no hay cuenta ninguna a simple vista y por lo tanto, domina el misterio y secreto de Dios, y con más razón en eso, porque si los pueblos no vieron lo que se les presentaba delante de sus ojos respecto al Hijo de Dios, no comprendieron a los profetas, no se ha podido llegar al entendimiento del amor fraternal de Dios ni aun en nuestros días. ¿Cómo puede pretender el hombre descubrir el misterio de Dios por su propia cuenta sin que Dios se lo revele?

Ahora, si tiene un buen amigo y ese amigo es el Hijo del dueño de casa, entonces sí, por ese lado, se puede saber cómo el dueño de casa trabajó, cómo hizo, y por qué lo hizo. Pero para esto es necesario hacerse amigo del Hijo del dueño de casa. Ustedes ya saben cuál es ese amigo; es el verdadero amigo. Él no engaña, no traiciona. Él dio su vida por sus amigos.

Ahora como el tiempo no da para terminar ubicando los otros seis mil años primeros, correspondientes a la primera etapa de esta Obra Magistral, dejaremos este tema para la próxima predicación, si Dios quiere, y cerraremos ésta con la palabra de Jesús según San Juan, cap. 15, vrs. del 12 hasta el 16, que dice así: “Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias. No me elegisteis vosotros a mí, mas yo os elegí a vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, Él os lo dé.”

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