El Tercer Cielo o Paraíso de Dios

Libro "La Biblia Aclarada", Cap. 27, Tomo 1

Narración: Hno. Mauricio Genolet

En la predicación anterior, habíamos quedado de ubicar los primeros seis mil años de la creación de la tierra.

Con la ayuda y la gracia del Trino Triunfal, trataremos de penetrar en este misterio y desatar lo que aún está atado y encerrado, porque ya es el tiempo que estas cosas sean conocidas y entendidas especialmente por el Pueblo Evangélico Cristiano. Digo es el tiempo, porque los mismos acontecimientos y descubrimientos hacen necesario aclarar aunque sea en partes, diremos, en lo más indispensable, el misterio que por muchos siglos nadie pudo desatar. Pero damos nosotros gracias a Dios que el cumplimiento de la profecía de Malaquías, cap. 4, vr. 5, donde dice: “He aquí, yo os envío a Elías el profeta, antes que venga el día de Jehová grande y terrible.”

Como les decía, damos gracias a Dios que la llegada de este Mensajero de Dios nos ha traído el compaginamiento armónico de la Biblia con los dos pactos y las Tres Obras; desatando así lo que Juan el Bautista confesó no era digno de desatar, cuando dijo (Juan, cap. 1, vr. 27): “Este es el que ha de venir tras mí, el cual es antes de mí: del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato.”

Con lo que Juan quiso decir que Cristo estaba muy bien calzado del Evangelio y que en Él traía tantos misterios que ni Juan mismo, encorvado, era digno de desatar. Porque Juan en realidad, vió la grandeza y gloria del Hijo de Dios, por eso confesó y no negó: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” (Gloria a Dios).

Como les decía, Elías formó el Escuadrón de Daniel, cap. 12, vr. 7. donde dice: “Y oía al varón vestido de lienzos, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el Viviente en los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad. Y cuando se acabare el esparcimiento del escuadrón del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas.” (Gloria a Dios).

Elías encontró a Eliseo, como leemos en 1ª Reyes, cap. 19, vrs. del 18 al 21: “Y yo haré que queden en Israel siete mil; todas rodillas que no se encorvaron a Baal, y bocas todas que no lo besaron. Y partiéndose él de allí, halló a Eliseo hijo de Saphat, que araba con doce yuntas delante de sí; y él era uno de los doce gañanes. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Ruégote que me dejes besar mi padre y mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve: ¿qué te he hecho yo? Y volvióse de en pos de él, y tomó un par de bueyes, y matólos, y con el arado de los bueyes coció la carne de ellos, y dióla al pueblo que comiesen. Después se levantó, y fue tras Elías, y servíale.” (Gloria a Dios).

Así es pues, que Elías encontró por orden y elección de Dios a Eliseo: éste araba con doce yuntas de bueyes.

¿Recuerdan ustedes la predicación hecha sobre este pasaje bíblico? Así es que actualmente Eliseo ara la tierra con doce yuntas de bueyes y él es uno de los doce gañanes. (Gloria a Dios).

El que quiera creer, crea, pero esta es la Obra que viene en cadena.

¿Recuerdan ustedes que también les hablé del profeta Ezequiel, cuando nombra los dos palos?

El palo de Judá y el palo de Ephraim. ¿Y del palo invisible, qué me dicen? ¿Quién tuvo la suerte de encontrarlo? ¡Y para mejor dicho, palo con doce brotes y sus hojas para sanidad! ¡El plantío de Jehová en pleno! Las Rosas de Sarón, el lirio de los valles, las azucenas, el nardo, el granado, el manzano, el huerto de los nogales, las eras de las aromas, las vides en cierne que dieron su olor, ¿quién trajo todo esto? ¿Quieren saberlo? ¿Quieren que les diga?

Es un personaje bíblico preparado para estos tiempos.

Malaquías, cap. 4, vr. 5 se los dice: es Elías, Mensajero de Dios. Elías está en esta Obra Tercera, está entre nosotros; los que hemos oído palabra de Dios por su boca, vemos que Dios por su boca habló. Y de esto damos gloria a Dios que el Mensajero bíblico llegó. Por eso es que venimos desatando misterios y secretos de Dios, aclarando lo que Dios nos dio y quiera Dios que esto sea para mayor luz y claridad, porque, como les decía al principio de estas predicaciones, esto no es ni nuevo ni viejo, esto es lo que toca en su hora; el que tiene oído para oír, oiga y apercíbase para su hora. Del Tribunal de Cristo nadie se escapará, por lo tanto cada cual piense qué cuenta va a ir a dar.

Quise documentar antes de desatar los milenios que fueron antes de Adám, que estas cosas Elías las vió y Eliseo las preparó, y así trabajaron siempre los dos conforme al orden de presentación.

Pues bien, vamos entonces a la ubicación de los primeros seis mil años. Creo que todos saben, que desde hace tiempo los sabios terrenales anuncian y dicen que en los otros planetas debe de haber habitantes, y creo que hace tiempo están con muchas ganas de llegar hasta el planeta Marte.

Pues bien, nosotros, según la Biblia y según la revelación de Dios a Elías, Mensajero de Dios, decimos que sí, que los otros planetas son habitados y que en ellos hay gente como nosotros. Y esta cuenta la sacamos empezando desde un principio así:

Cuando Dios creó los cielos y la tierra, y en el día que creó la lumbrera mayor, o sea el sol, y la lumbrera menor, la luna, hizo también las estrellas. También todos los planetas son obra de sus manos y entran dentro del adorno del cielo y con más razón, dentro del misterio del mismo.

Vamos a documentar algo importante antes de seguir declarando:

San Pablo a los Corintios, Segunda Epístola, cap. 12, vr. 2, dice así: “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco tal hombre, (si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé: Dios lo sabe) que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras secretas que el hombre no puede decir.”

Muy bien, si San Pablo no pudo hablar porque no era el tiempo (porque todo tiene su tiempo), nosotros de este hablar del Apóstol sacamos en limpio que fue arrebatado hasta el tercer cielo: quiere decir que hay más de un cielo. Por otro lado vemos que el Salmo 148, vr. 4, dice: “Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos.”

Ahora, como entre agua hay agua, entre cielos hay cielos.

Dice el Apóstol en los versículos antes citados: “y lo confirma él mismo, por lo que vió y oyó de parte de Dios, que ese tercer cielo corresponde al Paraíso de Dios.” (Gloria a Dios).

Por eso yo les preguntaba en las predicaciones anteriores, que si este Jardín del Edén terreno no sería sombra y bosquejo de otro mejor. ¿Recuerdan ustedes cuando les pregunté? Pues bien. San Pablo contesta por todos ustedes en el capítulo ya citado y dice que sí, él conoce un hombre que fue arrebatado hasta el tercer cielo o paraíso, se puede llamar en las dos formas.

¿Quién sabe quién sería ese hombre? Sería bueno conocerlo. ¿No es verdad? Pero por ahora seguiremos adelante.

Otra documentación importantísima encontramos en San Lucas, cap. 23, vrs. del 39 al 43, que dice: “Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes a Dios, estando en la misma condenación? Y nosotros, a la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres a tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.”

Con este importantísimo pasaje bíblico, queda documentado que nuestro Señor Jesús anunciaba por su misma boca, su marcha en Espíritu hacia el tercer cielo o paraíso, o Jardín del Edén, como lo dice el vr. 46 del capítulo ya citado, donde leemos así: “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.”

En Apocalipsis, cap. 2, vr. 7 dice así: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.”

Creo que nadie pensará que Juan el Teólogo hablaba del paraíso que ya ni rastros había quedado; antes entenderemos todos que este Apóstol hablaba del Tercer Cielo o Paraíso, conforme al dicho de San Pablo y Jesús, Nuestro Señor. Con estos puntos bíblicos, creo yo, alcanza para demostrar bíblicamente que existe otro planeta mejor que este; mejor digo, porque según la misma Escritura lo presentan como un lugar mejor, de calma, de reposo, y con el nombre de paraíso de Dios. Así que tenemos ya a nuestra vista, dos planetas habitados: uno es el nuestro, otro es el Tercero, donde Pablo oyó palabras secretas. Así que si tenemos el Primero y el Tercero, también debe de estar por ahí el Segundo.

Ahora iremos en busca de algo que creo se ha hablado poco, o por lo menos a nosotros nos conviene estudiar.

Apocalipsis, cap. 1, vr. 4, dice así: “Juan a las siete iglesias que están en Asia: Gracia sea con vosotros, y paz del que es, y que era y que ha de venir, y de los siete Espíritus que están delante de su trono.”

En el mismo capítulo, vrs. 19 y 20, dice: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas: el misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y los siete candeleros de oro. Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias; y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.”

¿Recuerdan ustedes que en la predicación anterior les decía que en la Biblia los números de siete y tres correspondían a números de perfección?

Pues bien, entonces les expliqué por qué el número tres correspondía a la perfección y ahora se nos presenta el número de perfección siete. Les aclaro que estas cosas de Dios son sagradas, y por lo tanto, nadie tome estas cosas en sentido de juego y cosas mundanas, completamente ajenas y distintas, porque existe la misma diferencia del día y la noche.

Así púes, hemos descubierto hasta ahora que aparte de este planeta nuestro, tenemos el Tercer Planeta habitado, y ahora se nos presenta nada menos que el asunto de las siete estrellas, los siete candeleros de oro y los siete Espíritus de Dios

¿Qué me dicen ustedes de todas estas cosas?

Cuando San Pablo preguntó a aquellos discípulos si habían recibido el Espíritu Santo, ellos contestaron que ni aun sabían si había tal Espíritu Santo. Así que, si por la gran misericordia del Trino conocemos el Espíritu Santo, dirán ustedes, si como quien dice, por gracia, conocemos uno, ¡como para conocer los siete Espíritus de Dios! Pero, no se aflijan ustedes; con la ayuda de Dios los ubicaremos. Ahora, lo que ustedes me dirán será ésto: ¿Y en qué quedaron los primeros seis mil años que iba a presentar? No se apuren, porque lo que quiero es documentar primero lo que voy a explicar. Por lo tanto, no se olviden de esta predicación y en la próxima, si Dios quiere, desataremos lo que aún está atado. (Gloria a Dios).

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