Conforme había quedado comprometido con ustedes en el asunto de los primeros seis mil años, porque ya habíamos colocado los segundos y terceros seis mil por orden de presentación, tendremos pues que llegar con la ayuda de Dios, a ubicar así en su propio orden, los diez y ocho mil años de esta Obra de Amor.
Se acuerdan ustedes que en la presentación anterior habíamos quedado nada menos que en el Apocalipsis, en el asunto del misterio de las siete estrellas, que eran los ángeles de las siete Iglesias. Y los siete candeleros correspondían a las siete Iglesias.
Además de esto, (Apocalipsis, cap. 3, vr. 1) “El que tiene los siete Espíritus de Dios”, dice estas cosas. Pero nosotros iremos en busca del Viejo Testamento a ver qué nos dice el profeta Zacarías en su libro, cap. 3, vr. 9. Dice así: “Porque he aquí aquella piedra que puse delante de Josué; sobre esta única piedra hay siete ojos: he aquí, yo grabaré su escultura, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré el pecado de la tierra en un día.”
En el mismo libro, cap. 4, vrs. del 1 hasta el 3, dice así: “Y volvió el ángel que hablaba conmigo, y despertóme como un hombre que es despertado de su sueño. Y díjome: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelero todo de oro, con su vaso sobre su cabeza, y sus siete lámparas encima del candelero; y siete canales para las lámparas que están encima de él; y sobre él dos olivas, la una a la derecha del vaso, y la otra a su izquierda.”
Seguiremos buscando y hallaremos en Éxodo, cap. 25, vrs. del 31 hasta el 40, que dice así: “Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero; su pie, y su caña, sus copas, sus manzanas, y sus flores, serán de lo mismo: Y saldrán seis brazos de sus lados: tres brazos del candelero del un lado suyo, y tres brazos del candelero del otro su lado: Tres copas en forma de almendras en el un brazo, una manzana y una flor; y tres copas, figura de almendras en el otro brazo, una manzana y una flor: así pues, en los seis brazos que salen del candelero: Y en el candelero cuatro copas en forma de almendras, sus manzanas y sus flores. Habrá una manzana debajo de los dos brazos de lo mismo, otra manzana debajo de los otros dos brazos de lo mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos de lo mismo, en conformidad a los seis brazos que salen del candelero. Sus manzanas y sus brazos serán de lo mismo, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro. Y hacerle has siete candilejas, las cuales encenderás para que alumbren a la parte de su delantera: También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro. De un talento de oro fino lo harás, con todos estos vasos. Y mira, y hazlos conforme a su modelo, que te ha sido mostrado en el monte.”
Estas últimas palabras recalcan el gran valor de este candelero, del momento que Dios mismo le habla a Moisés y como llamándole a que ponga suma atención a lo que veía y oía, porque le dice: “Y mira, y hazlos conforme a su modelo, que te ha sido mostrado en el monte.”
Por lo tanto, no podemos pensar que se trataba de un simple candelero. Podemos llamarlo, mejor dicho, candelabro o lámpara.
El asunto está en el significado simbólico de este candelabro. Porque no le daremos tanto valor porque era de oro puro en lo que se refiere al metal, pero le daremos su gran valor simbólico en lo que representaba en la grandiosa Obra de Dios.
El pueblo de Dios no es difícil que hasta hoy desconozca lo que ellos llevaban por orden de Dios, dado que Moisés, su siervo, lo que llevaban al mover el Tabernáculo y lo que iba colocado en el lugar santo, en frente a la mesa de los panes de la proposición.
Decía, no es difícil que habiendo andado siglos con estas cosas sagradas, y más que siglos, porque hasta hoy las guardan en su corazón, no es difícil que desconozcan el verdadero valor simbólico de lo que significaba en sí ese candelabro de oro. Y si lo ignoraron ellos, con más razón los demás. Por lo menos no he escuchado yo a nadie hasta ahora esta explicación sobre el candelabro de oro que estaba adentro del Tabernáculo en el lugar santo.
Nosotros hablaremos en el nombre del Señor y diremos lo que Él nos ha revelado mediante la guía del Espíritu Santo, que todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.
Pues bien, les diré que el candelabro de oro ordenado por el mismo Dios a Moisés en el Monte Sinaí, la visión del profeta Zacarías sobre la piedra que tenía siete ojos y sobre el candelabro con sus siete lámparas, la visión de Juan el Teólogo sobre el misterio de las siete estrellas y los siete candeleros, corresponden a una misma cosa. Quiere decir que distintas visiones en distintos tiempos, con muchos siglos de diferencia entre sí corresponden a una misma cosa, por lo que en esto vemos bien claro que Dios no tiene apuros para hacer su Obra, pues Él es eterno y eterna es su Obra.
Así pues, habíamos aclarado que con este planeta nuestro y el Tercero tenemos a la vista dos planetas habitados. Ahora nosotros decimos, por la Biblia y sus misterios, que los planetas habitados son siete. Empezaremos a declarar por las mismas cosas simbólicas, que durante siglos representaron y figuraron entre las cosas más sagradas del Pueblo de Dios, por orden del Creador. Porque, creo yo, no va a discutir nadie desde el momento que Dios mismo, personalmente Él, las ordenó; repito, creo nadie le quitará el valor real, simbólico que deben tener, por ejemplo: ¿Por qué ese candelabro era de una sola pieza y de oro puro? ¿Por qué tenía seis brazos, qué simbolizaban? ¿Qué simbolizaban: su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores?
¿Por qué dice (Éxodo, cap. 25, vr. 37): “Y hacerle has siete candilejas, las cuales encenderás para que alumbren a la parte de su delantera”?
¿Por qué era ordenanza de Dios que se encendiesen dichas lámparas con aceite puro de oliva? (Levítico, cap. 24, vr. 2).
¿Por qué no fueron más o menos cantidad las cosas señaladas de Dios y con orden que lo hiciera conforme al modelo mostrado en el monte?
Quiera Dios darnos gracia para que podamos comprender que esas cosas no eran un simple adorno ni se trataba de una cosa de lujo, pero tenemos que convenir, que razonar, eran cosas simbólicas. Pero ¿qué era lo que representaban?
Pues bien, les diré: el lugar de Dios o de la Santa Trinidad, su asiento, es en el séptimo cielo, o sea, en el planeta séptimo. Entonces, como Dios, la Santa Trinidad dirige su Obra desde su santo Trono, o sea, desde el séptimo cielo a los seis planetas restantes. Dios los dirige y alumbra como dice el profeta Zacarías cuando pregunta así: (Zacarías, cap. 4, vrs. del 12 al 14):
“Hablé aún de nuevo, y díjele: ¿Qué significan las dos ramas de olivas que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro? Y respondióme, diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no. Y él dijo: Estos dos hijos de aceite son los que están delante del Señor de toda la tierra.”
Como les decía, a los seis planetas restantes los alumbra y dirige mediante las dos ramas de olivas que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro. Esto quiere decir que la Obra viva de Dios siempre fue dirigida directamente de arriba, directamente del Trono de Dios.
Dios habló con los Patriarcas mediante sueños, visiones, revelaciones; habló personalmente con Moisés, habló con los Profetas y Apóstoles mediante ese Espíritu Santo que desciende del cielo como por un tubo, como dice Zacarías, que quiere decir que la palabra de Dios viene directamente al Profeta, porque les tengo que aclarar a ustedes que no se trata de alguna instalación de cables y de tubos. Tenemos que pensar que la Biblia está divinamente inspirada y por lo tanto, las parábolas y los misterios hay que desatarlos y bien desatados, por lo tanto el que no sabe, conviene que aprenda primero para hablar después. Ahora, en cuanto al Espíritu Santo y a esta guía que viene directamente del cielo, hay que estar alerta y escudriñar los espíritus si son de Dios. Porque Jesús dijo también:
“No todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos.” Y nosotros, tomando de esas palabras y de las que habló San Juan, decimos que es necesario mirar y examinar bien si en verdad se recibe el Espíritu Santo o si es el espíritu de la carne, que al final sirve para confusión. La verdad es que el que tenga la guía directa del cielo, tiene que mostrarlo, documentarlo por la Biblia con dichos y hechos.
Porque las profecías no fueron escritas para que duerman toda la vida, porque si fuese así, ¿para qué las escribieron? En ese caso, perdieron tiempo Dios y los profetas. ¿No les parece?
Así que convenimos que las profecías fueron escritas para que un día fuesen aclaradas.
Ahora, después que están aclaradas, todos somos profetas. Yo, de mi parte, daré la gloria a Dios y diré que la mayor parte de estas profundidades bíblicas, Dios se las reveló a su Profeta preparado para estos tiempos, profeta bíblico confirmado por el Viejo y Nuevo Testamento, el cual es Elías, Mensajero de Dios y lo que no fue a Elías fue a Eliseo; por algo pidió las dos partes de su espíritu y con su manto siguió el sendero.
El que quiera creer, crea, pero esta es la Obra que viene en cadena. (Gloria a Dios).
Así que volviendo al principio, creo entenderán el significado del candelabro de oro con seis brazos y siete lámparas; el pie, la caña, o sea, la base principal significaba, correspondía al Trono de Dios, al lugar de su asiento que es el séptimo cielo y los seis brazos, tres de un lado y tres del otro. Significaba que cada brazo del candelabro, cada uno de esos brazos llega a un planeta distinto, un brazo que alcanza la luz a cada planeta como por un tubo, como dice Zacarías.
Las dos ramas, o sea, las dos olivas, en este caso representan los dos pactos, del que están al tanto los habitantes de los siete planetas. Por eso habla en Apocalipsis de las Siete Iglesias. Cada una de esas Iglesias que son nombradas en Apocalipsis, son sombra y bosquejo, cada una corresponde, pues, a un planeta. Por eso les decía que el candelabro, las Siete Iglesias, las siete estrellas, corresponden a una misma cosa.
Así que para ubicar bien a las Siete Iglesias en el candelabro de oro, su lugar, diremos, corresponde al de las candilejas, porque las candilejas eran los recipientes donde se ponía el aceite para alumbrar. Ahora que en el Apocalipsis le da el nombre de candelero a cada Iglesia, es exactamente así, porque en cada planeta cada Iglesia es un candelero de oro. Porque en el templo que levantó Salomón había diez candelabros de oro purísimo, como está escrito en 1ª Reyes, cap. 7, vr. 49.
Pero el candelabro que Dios le ordenó a Moisés era de superior valor simbólico. Digo de superior valor simbólico, porque abrazaba toda la Obra de Dios desde el primer cielo al séptimo cielo.
Así es, pues, que entre candelabro hay candelabro.
Nosotros seguiremos, pues, con éste que fue mostrado a Moisés. Así que si las Iglesias representan las candilejas, las estrellas representan las mechas que al arder mediante el aceite, cuyo aceite es el Espíritu Santo, al arder, decía, producían la luz. Ese es el lugar de las estrellas en el candelabro. Las estrellas son pues, los ungidos de Dios, así Profetas, Apóstoles y demás dones superiores. Por eso habla en la Escritura de la lámpara encendida. Cada ungido de Dios que ha existido, ha sido y es una lámpara encendida.
¿Por qué es lámpara encendida? Porque alumbra en medio de las tinieblas. Me dirán ustedes otra vez: ¿y los primeros seis mil años?
Tuve primero que documentar todas estas maravillas para pasar en la próxima, si Dios quiere, a los primeros seis mil años. (Gloria a Dios).